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Te quiero.

《No quiero un "Buenos días, princesa" o un "Buenos días, dormilona" porque, ¡joder!, aburre demasiado. Quiero un buenos días que sea tan sólo de nosotros dos y que no seamos capaces de decírselo a alguien más si esto se acaba. No quiero que me comas la oreja con bellas palabras o me llenes la habitación de objetos materiales que algún día se estraviarán y pasarán a formar parte del olvido. No quiero que me mientas nunca, aunque la verdad puede que me destruya. Quiero que seas mi Muro de Berlín y mi puta lágrima del Ave Fénix, quiero ser tu religión y que tú seas la mía; que creas y tengas fe en mí como yo en ti. Y no quiero por nada del mundo un "fueron felices y comieron perdices" o un jodido "para siempre". Quiero un puto REAL, un real donde suceden más cosas malas que buenas, pero que eso nos haga unirnos más. Quiero que seas mi marca de heroína y yo tu porro diario cuando algo malo o exasperante te suceda. No quiero ser tu vida ni que tú sea...

Mírame.

Mírame a los ojos y dime qué ves. Divisas un alma casi en ruinas, ¿verdad? Infinita sangre que en un pasado brotó de grandes heridas se encuentra reseca en sus muros. Me hicieron cambiar el amor por el odio; un odio infinito. Hacia mí y hacia todo ser humano. Tan solo verás lágrimas y falsas sonrisas; llantos en vez de risas. Creí que era tiempo lo que necesitaba; es obvio que me equivocaba. Necesito a alguien que sepa cuidarla; que aprenda a amarla a pesar de toda su suciedad. Alguien que sea capaz de ver un diminuto haz de luz en mi oscura alma. Alguien que no tenga miedo de querer ni que necesite ver para creer. Alguien verdaderamente merecedor de mi querer. 

Continua con tu vida porque la vida continua sin ti.

No te engañes a ti misma. La vida no se acaba por aquella persona que apareció desordenándolo todo y luego se fue sin decir adiós. Porque, si no hubieses conocido a ese alguien, tu camino seguría siendo igual. Vale, puede que te hiciese reir llorando y llorar riendo; que te hiciese sentir el ser más dichoso y maravilloso de la faz de la Tierra. Pero, si se acabó yendo, o te hizo el más mínimo daño, no merece la pena. Si has o estás limpiando tu corazón con lágrimas dedicadas a ese ser que una vez estuvo y se fue mientras tu cabeza descansa sobre tus flágidas rodillas y tu cuerpo se congela por la frialdad del duro suelo, límpiatelas. Y sonríe mientras tus piernas se fortalecen un poco más y consiguen ponerse en pie. Puede que no puedas retroceder y eliminar esos maravillosos recuerdos y los posteriores llantos, pero sí puedes andar hacia delante y dejar atrás ese desorden tan bueno, y al mismo...

Juzgar sin conocer.

Cuando vemos a una persona, siempre e inconscientemente, juzgamos su físico. Sin importarnos por qué se desahoga con la comida, o por qué lo hace sin llevarse nada a la boca. No sabemos qué hay detrás de cada mueca a la que llamamos 'sonrisa', qué hay detrás de cada encogimiento de hombros, o simplemente qué hay detrás de cada lágrima que sin querer se le escapa. No sabemos por qué se viste como lo hace, o por qué cubre su piel de tinta y huecos; o por qué acorta su vida con sustancias nocivas. O también el por qué de las cicatrices en sus brazos. No sabemos absolutamente nada; somos meros ignorantes y, sin embargo, juzgmos. E incluso nos reímos, sin conocer. Y es la ignorancia la que destruye más a esos seres maltrados por la vida y por la sociedad. Unos quilos de más no importan, lo interior es lo que permanece. Unos quilos de menos, puede que tampoco. ¿Tatuajes y piercings ? Da igual. ...

Al salir de clase.

Al salir de clase el primer día de cautiverio, aceleré mis pasos y me centré en llegar lo más rápido posible a mi escondite. Ya allí, encendí un cigarro y me senté mientras lágrimas de impotencia salían sin descanso de mis ojos color miel. Al darme cuenta de que llegaba tarde, salí corriendo como alma que lleva el diablo hasta mi hogar, sin darme cuenta de que unos ojos me escrutaban desde las sombras. El segundo día, no aguanté las lágrimas nada más salir del recinto escolar. Con el llanto como música para mis oídos, llegué a mi sitio. Pero no estaba sola, un chico que rompía todos mis actuales esquemas, con pelo y ojos azabaches, tez morena y atuendo totalmente negro se encontraba allí. En MI sitio. Pero, teniendo en cuenta que esto era la calle, no dije nada y me senté igualmente. Me sequé las lágrimas y encendí otro cigarro. A la segunda calada, sentí una pre...

#Imagina, Louis Tomlinson & Saray.

Despertarme, ducharme, comer, trabajar. Siempre lo mismo. No tengo ni un sólo minuto para mí. «Saray, haz esto. Saray, haz lo otro». Pero esta noche iba a cambiar todo. Toda la tarde la iba dedicar a peinarme como Dios manda, maquillarme, ponerme un vestido de escándalo y unos tacones más altos que la Torre Eiffel. Y cuando la luna estuviese en lo alto del cielo, salir. Comerme el mundo. Conocer gente nueva. Y, tal vez, sólo tal vez, enamorarme. Llamé a Bel, mi mejor amiga. Pero como siempre, pasaba del mundo. Así que esta noche saldría sola. Abrí el armario. Pantalones, camisetas, faldas... Y ningún vestido. Cogí el suficiente dinero y me dispuse a salir de casa. Pero mi móvil sonó. ―Saray Larrosa Conde, coge un puto vestido y unos putos tacones. Porque esta noche sales conmigo. ―Pero...―fui interrumpida, como siempre. ―¿Qué pero ni que ocho cuartos? Hoy sales, ¿eh? C...

Sensaciones contradictorias

Me apoyé en la ventana y me pasé casi todo el trayecto contemplando su perfecto perfil. Tras haberme pillado varias veces en mi escrutinio, decidí fijar mi vista en el paisaje que parecía querer escapar de nosotros. Deseaba que me llevase lejos, y creí que eso estaba haciendo, pues se estaba alejando de la cuidad. Pero no, nos acercábamos al polideportivo de lujo que siempre me veía en la obligación de frecuentar con mis progenitores. Mis ojos se abrieron de tal forma que cualquiera podría verter sopa en ellos y tomarla, pues parecían dos platos soperos. Malikcar, maldita boba, ¿no te dice nada? Claro joder... No te olvides de que luego tenemos partido de volley con los Malik. Oh mierda, no iba a llevarme lejos. Iba a jugar contra su familia. Cada átomo de mi organismo comenzó a congelarse por la decepción. Aparté la vista del lugar que estaba empezando a odiar y la fijé en el suelo, en un intento de calmar mi interior. ―¿Bajas o qué?―esbozó una sonrisa de oreja a oreja mientras ...